Por una cabeza, la de Tomás Molina, pero principalmente por tener más piernas y una estructura mucho más sólida. Argentinos le terminó ganando bien a Huracán para ser el segundo semifinalista de este Torneo Apertura y ahora irá contra Belgrano.
Más fresco, aprovechando el segundo alargue consecutivo que le tocó jugar a su rival (a Boca le había ganado en 120 minutos), el equipo de Nico Diez fue testigo de cómo el Globo se fue desinflando hasta aplicar la daga letal para un 1-0 que se hizo enorme.
Tras 90 de minutos de mucho rigor físico y poco fútbol, la prórroga amaneció con ese centro perfecto de Lozano al segundo palo para que el goleador le ganara la espalda a Blondel y dejara sin chances a Galíndez. Así lo ganó el Bicho. Generando poco pero dominando mucho desde el control de balón, el físico y también desde las individualidades. Dio casi siempre la sensación de ser un equipo mucho más consolidado a pesar de que la diferencia fue mínima.
Por que Argentinos sí tiene muy en claro a lo que juega y con qué intérpretes. Una dupla central que traslada mucho hacia adelante y rompe líneas, y dos laterales profundos que atacan por afuera y también se cierran. Un Fattori que es el equilibrista de un medio con zurdas talentosas de Lescano y Oroz. Un 9, como Molina, que va al choque y también marca diagonales. Y un técnico al que, como anoche, no le tiembla el pulso si tiene que hacer cambios rápidos. Apenas vio que Hernán López y Jainikoski no lastimaban en los extremos, los sacó en el entretiempo e hizo crecer a su equipo. Con un Morales más potente y la velocidad de Giaccone, en el ST Argentinos sí fue más que un duro Huracán. Aun sin generar mucho, sí piso más firme y se hizo más protagonista.
El equipo de Diego Martínez emparejó el partido desde los duelos individuales en cada pelota y la intensidad. Mucho despliegue para no darle espacios al Bicho. Pelota o pierna. A veces, con una marcha más. Demasiado arriba. Por caso, César Ibáñez debió irse dos veces expulsado por doble amarilla. Pero mientras las piernas le respondieron, el Globo fue una buena medida para Argentinos. De hecho, en los 90 minutos tuvo la jugada más clara y obligó a una tremenda triple atajada del chileno Cortés, primero ante un cabezazo de Nervo y luego ante la aparición del ecuatoriano Caicedo.
Pero Huracán, siempre con lo justo, pagó carísimo el poco descanso que hubo entre los octavos y cuartos de final. Sin piernas, más allá del buen ingreso otra vez de Bisanz, fue perdiendo lucidez y el gol, a los cuatro minutos del primer tiempo extra, terminó siendo una mano de nocaut.
Si bien sólo fue una, para los de Parque Patricios fue demoledora. Sin resto físico, los 26 minutos que quedaron se le hicieron largos y sin rumbo. Como un boxeador que va hacia adelante sólo por impulso, le terminó tirando centros a un Nehuen Paz convertido en centrodelantero, pero no encontró nada. Sólo impotencia, algunos golpes y centros sin destino. Su tiempo, claro, ya había pasado.
Argentinos, sin brillar pero con el libreto más claro, se llevó la llave y ahora volverá a ser local en semis. En La Paternal, ya se escuchó el clásico “que salen a ganar, quieren salir campeón…”.
Belgrano se ilusiona
Cómo no se va a hacer la cabeza. Cómo no se va a ilusionar a lo grande. Cómo no va a soñar con un sueño que está cada vez más cerca. Claro, si el testazo de Adrián Sánchez le dio otro motivo para hacerlo. Belgrano, que sintió el envión del triunfazo en el clásico, dio otro pasito en el Apertura: le ganó a Unión en Córdoba y se clasificó a la semifinal.
Cada uno con sus armas, cada uno con sus estrategias, cada uno con sus formas. El Pirata, con el sello del Ruso Zielinski; el Tatengue, con el ADN que le supo impregnar Leonardo Carol Madelón. El local, con el empuje de los 38.000 hinchas en el Gigante de Alberdi; la visita, con los miles de fanáticos que bancaron desde Santa Fe. Uno proponiendo desde el primer minuto, el otro bancando y buscando salir rápido de contra.

Los roles estuvieron definidos desde el inicio del encuentro. Belgrano, con un 4-2-3-1, fue más dinámico con la movilidad de González Metilli y Rigoni por las bandas, y Zelarayán y Uvita Fernández arriba. El criterio para mover la pelota hizo que contara con muchas situaciones para romper con la paridad. Sin embargo, el equipo chocó siempre con la figura de Matías Mansilla, el hombre más destacado del primer tiempo.
El arquero de Unión fue determinante para bancar la parada en los momentos más difíciles. Le sacó una a Sporle en los primeros minutos, le ahogó el grito a Uvita en un mano a mano, despejó un tiro de Maldonado tras una pelota parada y se quedó con un gran remate de González Metilli. El Pirata fue y fue, pero el resultado terminó siendo el mismo. ¿El Tate? Le costó tener situaciones de peligro, más allá de algunas aproximación con el tándem Tarragona-Estigarribia.
En el complemento, Unión tuvo la iniciativa en los primeros minutos y accedió a la única oportunidad a través de un disparo de Estigarribia que Cardozo desvió. Luego, Belgrano se encontró con lo que más anhelaba: el gol. Rigoni, en su mejor partido desde su retorno al club, metió un gran centro para la aparición sorpresiva de Sánchez, el dueño de los corazones piratas en la mágica noche de Alberdi. Y ya en tiempo de descuento, Ramiro Hernandes desató la locura con el segundo. De la cabeza.
Fuente: diario Olé
(Foto portada: Maxi Failla)