Con la expectativa puesta en que se quiebre el pacto de silencio entre los siete acusados, arrancó este martes en la ciudad de Corrientes el juicio oral y público por la sustracción y ocultamiento de Loan Danilo Peña (5) en un inhóspito paraje rural de 9 de Julio, a casi 200 kilómetros de la capital provincial.
Siete son los acusados de tener algún tipo de participación en el hecho, mientras que a otras diez les imputan haber entorpecido la investigación y retenido a testigos clave para manipularlos.
Pasaron 734 días desde el 13 de junio de 2024 y la suerte corrida por el chico sigue siendo un enigma que la Justicia no pudo terminar de develar. Lo que está probado a través de pericias es que Loan no se extravió en una zona de lagunas, montes y pastizales, sino que alguien lo levantó y se lo llevó.
Allí aparece como uno de los grandes protagonistas Bernardino Antonio Benítez (39), tío político de Loan. El hombre fue quien esa tarde, poco después de las 13.30, propuso ir a buscar naranjas a una tapera que está a unos 600 metros de la casa de Catalina Peña, la abuela de nene.
Ese día la anciana había organizado un almuerzo en honor a San Antonio de Padua e invitó a su hija Laudelina Peña (47). Ésta extendió el convite a una pareja de amigos: Daniel “Fierrito” Ramírez (51) y su esposa, Mónica del Carmen Millapi (37), y al ex capitán de navío Carlos Guido Pérez (64) y María Victoria Caillava (54), por entonces funcionaria municipal.
José Peña (58) nada sabía del evento y ese día fue a caballo hasta la casa de su madre junto a Loan, quien nunca antes había estado en la casa de su abuela paterna. El chico se sumó a último momento, cuando su padre ya estaba montado su caballo, listo para partir.
Tras el almuerzo, Benítez propuso ir caminando hasta una tapera que está a unos 600 metros para buscar naranjas. El hombre tomó una bolsa y se encaminó hacia el lugar, seguido por sus amigos Ramírez y Millapi y varios chicos, entre los cuales estaba Loan. Laudelina y su sobrina Camila llegaron hasta una tranquera y retornaron a la casa de Catalina.
Pasadas las 14, Benítez mantuvo una larga conversación telefónica con Laudelina. Sostuvo que fue para consultarle si Loan había regresado solo porque no lo podían encontrar. Para los investigadores, fue en ese momento que acordaron cómo sacar al chico de El Algarrobal.
Cuando la noticia de la desaparición de Loan llegó a la casa de Catalina, Pérez y Caillava decidieron volver a 9 de Julio en su camioneta Ford Ranger porque un poco más tarde jugaba RIver.
La pareja quedó seriamente comprometida con la sustracción una semana después porque perros altamente entrenados detectaron el olor de Loan en la camioneta y también en un coche que el ex capitán de navío y su esposa usaron al día siguiente para viajar hasta Chaco.
Un dato no menor es que en los días posteriores a la desaparición de Loan, Pérez le mandó un mensaje al comisario del pueblo para transmitirle su temor a que le plantaran alguna prueba que lo relacionara con el caso. Por ese entonces no se los mencionaba como sospechosos.
La hipótesis es que ya en el naranjal, Millapi y Ramírez se encargaron de entretener a los chicos mientras Benítez sacaba a Loan hasta el camino que une la casa de Catalina con la ruta 123. Y que el traslado de hizo en la camioneta del marino.
Un papel no menor le adjudica la investigación al comisario Walter Adrián Maciel (45). El jefe de la comisaría de 9 de Julio no sólo hizo constar un falso horario del reporte sobre la desaparición de Loan, sino que también se cree que “plantó” junto a Laudelina el botín del chico en un lodazal distante a varios kilómetros de El Algarrobal.
Ese calzado fue hallado al día siguiente por la mujer y permitió mantener por varios días la hipótesis de que el chico se había perdido.
El entorpecimiento de la investigación
Unos diez días después de la desaparición desembarcó en 9 de Julio un grupo de personas que aseguraban contar con el aval de la Fundación Lucio Dupuy, lo cual fue negado posteriormente por su titular, el abuelo del nene asesinado en La Pampa por su mamá y la pareja.
En un primer momento el papel rutilante lo tuvieron Alan Juan José Cañete (34), un perito en criminalística y estudiante de abogacía, y la abogada Elizabeth Noemí Cutaia (47), quienes incluso realizaron una reconstrucción del hecho en el naranjal pese a no contar con la autorización del Juzgado Federal de Goya.
En los primeros días de julio de 2024 el rol protagónico del grupo lo tendría Nicolás Gabriel Soria (44), alias “El Americano”, quien se hacía pasar por agente de Interpol y los servicios de inteligencia de Estados Unidos, pero sólo tenía un carnet de conducir expedido en Miami.
El bonaerense custodiaba a los principales testigos del caso cuando se decidió alojarlos en el hotel Despertar del Iberá, en 9 de Julio. Allí el falso agente tuvo un fuerte enfrentamiento con personal de la Prefectura. Y en las semanas posteriores buscó instalar la hipótesis de que el caso estaba relacionado con el narcotráfico.
El grupo se completaba con Pablo Javier Noguera (44), quien oficiaba de chofer y era pareja de Cutaia; Valeria Liliana López (52), una operadora de violencia de género y familiar; la abogada Delfina Taborda (24); el policía de CABA y abogado Leonardo Daniel Rubio (40); Verónica Paola Machuca Yunis (28), por entonces estudiante de psicología; al igual que Pablo Gabriel Núñez (28).
El grupo se completaba con el psicólogo Federico Rossi Colombo (45).
La mayoría está acusada de los delitos de privación ilegítima de la libertad (por haber mantenido encerrados en el hotel a testigos claves), entorpecer la investigación y quedarse con dinero de la Municipalidad de 9 de Julio que habían pedido para costear “gastos de logística”.
La mayoría podría recibir una pena de hasta diez años de prisión.
Noguera, Rubio y Taborda son los tres que llegan a juicio con una imputación menos gravosa y, en caso de ser hallados culpables, tendrían condenas sensiblemente más bajas.
El Tribunal Oral Federal está integrado por Fermín Ceroleni, Eduardo Belforte y Simón Bracco, mientras que los responsables de la acusación serán los fiscales Carlos Schaefer y Tamara Pourcel.
El juicio tendrá una duración no menor de cuatro meses y fueron citados a declarar más de 200 testigos.
El debate comienza en un clima de tensión ante la negativa de los jueces de permitir la participación de cinco fiscales auxiliares, dada la complejidad del caso y la cantidad de imputados, Esa diferencia deberá ser resuelta por la Cámara Federal de Casación.
Fuente: diario Clarín