Roque Segre es bahiense y desde hace 14 años vive en Cali. El lunes estaba en su casa junto a sus hijos cuando se registró el fuerte terremoto que dejó hasta el momento, según los datos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, 265 muertos, 3.494 heridos y 496 desaparecidos.
“Se movió toda mi casa, fue muy bravo sentir esa locura”, describió.
Recordó que a las pocas semanas de instalarse en Cali en 2012 vivenció el primer temblor que duró pocos segundos como todos los que se registraron a lo largo de los años; la diferencia con el del pasado lunes de magnitud 7.4 en la escala de Richter es que se extendió por casi un minuto y medio.
“Estaba por entrar a la ducha y me gritaron mis hijos, nos fuimos al patio y sentíamos como la tierra vibraba. Es indescriptible, una locura”, insistió sobre las sensaciones.
Su vivienda no sufrió daños porque se encuentra en la parte alta de Cali, sin embargo, en la zona baja, de valle, allí las consecuencias fueron más graves, con caída de edificios.
“Fue muy emocionante ver una gran cantidad de gente colaborando. Ni bien pasó el temblor con un vecino nos fuimos a un derrumbe a colaborar, a mover escombros, y había 500 personas ayudando. No hablo de bomberos, de rescatistas, sino de gente común moviendo escombros a lo loco, buscando sobrevivientes. Encontraron en ese momento cuatro personas vivas”, resaltó.
Segre tildó en distintos momentos de la nota de catastrófico lo que vivió Colombia.
Hoy la ciudad de Cali está funcionando “a la mitad”, con poco movimiento de vehículos y con evaluaciones del estado de las edificaciones para poder retomar distintas actividades.