Editorial - 07/09/21
Editorial - 07 de Septiembre 2021, 10:50 hs.

Escrita por Luis Alberto Cano

Hay dos ciudades

Hay conceptos que se repiten desde hace mucho tiempo . La sociedad y sus protagonistas los incorpora, pero surgen dudas respecto de si son corporizados.

Uno de ellos, es que debemos construír entre  todos una sociedad más justa, más equitativa. Es como un rezo pagano.

Otro, en íntima relación con ese es por ejemplo decir que Bahía Blanca debe ser una ciudad inclusiva. Una ciudad que contenga a las mayorías. Es un objetivo sobre el que nadie puede estar en desacuerdo.

La pregunta es entonces, partiendo de ese concepto sobre el cual nadie ni debe ni puede discutir, que se ha hecho, que se está haciendo, que se está programando.

Y en ese punto, uno como simple observador, advierte que la ciudad necesita de un plan de urbanización integral que no se agote solamente en la reformulación del código de planeamiento urbano, tantas veces anunciado.

Un plan de urbanización que tienda a la realización de aquel objetivo macro de construír una ciudad vivible, inclusiva, contenedora.

Si uno fuera un agente desarrollador. Si uno estuviera ligado a la actividad inmobiliaria, diría que naturalmente tendería a buscar las herramientas financieras y de inversión para concretar esas mejoras urbanas en los sectores más “lindos” de la ciudad. En Los puntos más apetecibles que aseguren rentabilidad económica.

No es un dato de la realidad ni bueno ni malo. Es lo que hay, diríamos en el café. Y hasta resulta un paradigma lógico en el sistema.

Una ley no escrita, me comentaba el otro día un ingeniero, dice que las ciudades se desarrollan por sobre todas las cosas hacia el norte, noroeste. Y en tal sentido Bahía Blanca no escapa a esa regla sin papeles.

Qué hacemos con el resto?. Ahí es donde debe aparecer el estado en toda su magnitud para buscar los equilibros y repartir las cargas. De lo contrario, pasa lo que viene sucediendo desde hace demasiado tiempo, justamente por la inexistencia de un plan abarcativo para favorecer a las nuevas urbanizaciones: el alumbramiento de asentamientos a la que te criaste sin una matriz, sin una línea en el tiempo.

Es un fenómeno que termina siendo más caro en términos económicos y sociales, y no solo para el estado que en el mientras tanto miró para otro lado, y solo buscó la solución punitiva como vía para resolver una cuestión que claramente es muy compleja.

Ocupar a la fuerza un pedazo de tierra para construír un futuro en familia está penado por la ley, pero también la Constitución Nacional garantiza el acceso a una vivienda digna para todos los habitantes del suelo argentino de acuerdo con el artículo 14 bis.

Puede o no gustar según la mirada y el compromiso circunstancial que se tenga, pero está clara la existencia de dos ciudades en una sola que se llama Bahía Blanca. Y lo saben quienes han sido funcionarios, quienes lo son, y quienes hoy en el marco de la campaña caminan y transitan fuera de sus respectivas zonas de confort.

En ese entramado social, laboral, educativo, urbanístico tan complejo, son miles los bahienses que viven en la “otra” ciudad. Nadie pide ni puede pensar en soluciones mágicas. De un momento para otro. Pero resulta absolutamente necesario que el estado en todas sus dimensiones, allí donde no aparece la lógica de la rentabilidad económica, comience a tener una mirada mucho más empática, más humana si se quiere, sobre esos sectores: calles transitables, perfiladas ( no solo huellas), veredas por donde caminar, espacios públicos donde jugar, que pase el camión recolector, no vivir enganchado del agua, no medir cuándo sí y cuando no prender la garrafa…

Porque después de todo no son incompatibles esas dos ciudades si es que hay vocación y decisión política para aminorar de a poco las desigualdades entre una y otra.

En esa condición bien bahiense de vivir en una sociedad conformada por una clase social con sentido aspiracional (muchos de nosotros creemos haber llegado a determinadas alturas en nuestro desarrollo personal como para mirar de reojo al otro) y que casi siempre se está rascando su propio ombligo, se puede pensar en un edificio de 25/30 pisos, pero también se puede y se debe pensar en quien tan solo pide una calle en lugar de una huella…

Bahía Blanca se ha transformado en la ciudad de la potencialidad repetida. La potencialidad de ser una ciudad con el único puerto de aguas profundas del país… La potencialidad por lo que sugiere el futuro de Vaca Muerta a la espera de que se transforme en presente… La potencialidad por su desarrollo industrial y petroquímico… La potencialidad por tener dos universidades nacionales, algunas más privadas y centros de investigación al mejor nivel de la Argentina… La potencialidad por ser cabecera de una región agro/industrial relevante etc…

Es pura cháchara si esas potencialidades no se usan para construír, según el slogan repetido, una ciudad inclusiva que sea vivible para todos.

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