La investigación ahora apunta a que varios funcionarios también eran blancos del atacante. Así lo explicó Todd Blanche, jefe de los fiscales de Estados Unidos.
La investigación por el tiroteo en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca dio un nuevo giro. La Fiscalía de Estados Unidos comenzó a trabajar sobre otra hipótesis: el objetivo del atacante no era exclusivamente Donald Trump, sino también miembros del gabinete que participaban del evento en Washington.
La evaluación fue planteada por el fiscal general en funciones, Todd Blanche, a partir de la información reunida hasta ahora por investigadores federales. Según esa línea, el sospechoso habría buscado atacar a cualquier integrante de la cúpula del gobierno presente en el salón del Washington Hilton, donde se desarrollaba la tradicional gala política y periodística.
La nueva interpretación cambia la dimensión del caso. Si en un primer momento el episodio fue leído como un intento de agresión contra Trump en un evento de alta exposición, ahora la posibilidad de que el blanco haya sido la plana mayor del gobierno eleva el caso a otro nivel.
En Washington, algunos investigadores ya hablan de un ataque dirigido contra el corazón del poder estadounidense. La hipótesis toma fuerza por el contexto: en el salón se encontraban el presidente, miembros del gabinete, legisladores, diplomáticos y funcionarios de seguridad nacional.
De acuerdo con la información preliminar, los investigadores analizan indicios que podrían mostrar que el atacante no buscaba una víctima puntual sino un objetivo político amplio.
Aunque no se informó un móvil definitivo, la fiscalía considera que el patrón del ataque, la elección del lugar y el tipo de armamento secuestrado obligan a considerar que el objetivo podría haber sido múltiple.
El sospechoso, identificado como Cole Tomas Allen, permanece detenido y afronta cargos federales mientras avanza el análisis de pruebas, dispositivos electrónicos y material secuestrado.
La lectura de que el blanco podía ser todo el gabinete refuerza el peso institucional del episodio. No se trataría solamente de una amenaza presidencial, sino de un potencial intento de golpear simultáneamente a figuras centrales del Ejecutivo en uno de los eventos políticos más simbólicos de Washington.
Esa hipótesis encendió alertas adicionales dentro del aparato de seguridad estadounidense. Fuentes cercanas a la investigación señalan que el Servicio Secreto y agencias federales revisan si el operativo respondió a una amenaza improvisada o a una acción con algún nivel de planificación.
El caso además profundizó las dudas sobre cómo un hombre armado logró acercarse a un evento bajo uno de los dispositivos de seguridad más estrictos del país.
Que ahora se investigue un posible ataque contra Trump y varios funcionarios vuelve esa discusión todavía más sensible. En Washington, la pregunta dejó de ser solo cómo ingresó el atacante. Ahora también es qué magnitud podía haber tenido el ataque.
Fuente: Ámbito