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Locales - 20 de octubre 2026, 09:44

A 50 años del crimen, Carlos Mandolesi recordó la noche que trasladaron a Mario Abel Amaya desde Villa Floresta

Tras su paso por La Escuelita, el abogado radical estuvo detenido en Rawson y Villa Devoto, donde murió producto de las torturas sufridas.

Ayer se cumplieron 50 años del crimen del dirigente radical Mario Abel Amaya. El abogado defensor de presos políticos había sido secuestrado junto a Hipólito Solari Yrigoyen en la madrugada del 17 de agosto en Trelew. Estuvo en el centro de detención y tortura La Escuelita en Bahía Blanca, en la cárcel de Rawson y en el penal de Villa Devoto donde murió el 19 de octubre de 1976 producto de las torturas recibidas.

La noche que fue trasladado desde el V Cuerpo de Ejército fue recordada esta mañana en Radio Altos por Carlos Mandolesi, quien había sido detenido ese mismo día por los militares.

“Esa noche yo estuve ahí, lamentablemente. Se escuchaba de todo, fue impresionante: estaban haciendo el traslado de casi 150 personas. A la mañana cuando sonó el timbre nos abrieron la puerta y el pasillo que la noche anterior brillaba de baldosas rojas estaba lleno de objetos de todo tipo porque no los dejaron trasladarse con sus pertenencias. El traslado fue caótico con maltrato de los militares. Los llevaban a camiones del Ejército que estaban en el patio de la cárcel y de ahí salían custodiados hasta Espora para llevarlos en avión a Trelew”, detalló.

Mandolesi contó que en 1974 trabajaba en el Banco de la Nación Argentina y estudiaba Ingeniería en Construcciones en la UTN. Integró ese año la lista de la Juventud Universitaria Peronista que terminó ganando la elección para dirigir el centro de estudiantes. 

Fue secretario de la agrupación y consiguieron, entre otros logros, derogar un reglamento de la universidad que obligaba a que, para ser estudiante, tenías que tener un trabajo en blanco y presentar certificado de trabajo todos los años al inscribirte en las materias. Además, lograron que las mujeres también puedan estudiar en la UTN.

“En el 76 fue a mi casa el Ejército y me detuvieron por ser miembro de la Juventud Peronista, pese a que nunca anduve con armas, ni puse bombas, ni hice ningún escándalo, pero mi actuación en la universidad había tenido su consecuencia. Estuve 6 meses detenido en Villa Floresta bajo la ley 20840, o sea, era un preso legal”, señaló.

La noche que estuvo detenido en el V Cuerpo fue víctima de un fusilamiento en seco: “Y me decían, “ah, montonero, te asustaste ¿no?”. “Al otro día nos metieron boca abajo en una ambulancia del Ejército con un tipo con una pistola en la mano y el oficial a cargo le dijo que si alguno de nosotros se movía le haga un disfraz de aguja, o sea, un agujero en la cabeza. Cuando llegamos a la comisaría federal, nos hicieron desnudar y nos metieron adentro de una celda donde todo era de cemento. Era la forma que tenían para aflojar a la gente. No me torturaron, sí me pegaron una trompada en los interrogatorios porque querían información y yo no se las podía dar. Querían información de montoneros”, relató. 

Luego fueron trasladados a la cárcel de Villa Floresta y los alojaron en una celda del pabellón 5 donde solo había colchones. “Nos dijeron tírense ahí, duerman y ni una palabra. Después de todo lo que habíamos pasado los tres días en la Federal, nos dormimos, pero al rato empezaron los golpes, los ruidos, los gritos, se escuchaba de todo”, indicó sobre el traslado de los 150 presos entre ellos Amaya y Solari Yrigoyen.

Mandolesi, por entonces un joven de 27 años, estuvo seis meses detenido en el penal de Villa Floresta. “Mi padre era amigo de un juez federal, habían sido compañeros de la Escuela de Comercio de Bahía Blanca, lo contactó y se encontraron en un zaguán de una casa oscura . Le explicó cuál era la situación y el juez le dijo “tu hijo ha recibido lo que nosotros consideramos que es un castigo del Ejército por su actuación en la universidad. Decile que espere, que lo vamos a dejar ahí seis meses, y después le vamos a levantar la prisión preventiva. Le dijo a mi papá que si me largaban antes de los seis meses, el Ejército me iba a detener en forma ilegal. Que aguantara, que hasta ese momento yo estaba legalmente preso”, detalló sobre el accionar del juez Rojo, integrante de la Cámara Federal de Apelaciones. 

“Así como entramos los cuatro, nos largaron a los cuatro juntos seis meses después. Esa media cuadra para correr desde la puerta de la cárcel hasta llegar a la esquina y abrazarme con mi familia fue una locura. Me daba la impresión de que no llegaba nunca”, describió. Hoy tiene 77 años y desde hace 10 años vive en Sierra de la Ventana.

Contó que del Banco Nación lo echaron, no pudo culminar la carrera universitaria y se dedicó a la docencia hasta que se jubiló. en educación técnica y en educación especial.

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