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Locales - 08 de septiembre 2026, 19:43

Malvinas: cuando el poder de negociación puede cambiar de manos

Una lectura desde la teoría de la negociación y las relaciones internacionales. Escrita por el abogado Dr. Miguel A. R. Donadío

La reciente intervención del presidente Javier Milei, que volvió a colocar la cuestión Malvinas en el centro de la agenda pública, generó un amplio debate político, periodístico y diplomático. También se pronunciaron veteranos de guerra, especialistas en geopolítica y distintos actores vinculados con la causa.

Sin embargo, hay una perspectiva que merece mayor atención: la de quienes estudian la negociación como disciplina académica.

Hace algunos años, junto con Franc Ponti, publicamos Historias de Negociadores, una obra en la que incluimos un capítulo dedicado a Malvinas bajo una consigna que conserva plena vigencia: “El poder puede cambiar de manos”.

La idea es sencilla, aunque sus implicancias estratégicas son profundas: las negociaciones entre Estados no son procesos estáticos. El poder relativo de los actores se transforma con el tiempo, como consecuencia de sus propias decisiones, de los errores del adversario y de los cambios producidos en el entorno internacional.

Malvinas constituye un caso particularmente ilustrativo para comprender esa dinámica.

El poder no es una fotografía: es una película

En la teoría de la negociación, el poder no debe confundirse exclusivamente con la capacidad militar. También comprende la legitimidad internacional, la posición económica, las alianzas, la capacidad de generar alternativas, el costo de sostener el statu quo y la posibilidad de modificar las percepciones del adversario.

Por eso, una negociación no puede analizarse únicamente a partir de quién parece más fuerte en un momento determinado. Lo decisivo es comprender cómo evoluciona esa relación de fuerzas y qué decisiones pueden modificarla.

La historia internacional ofrece ejemplos contundentes. La Alemania nazi dominaba buena parte de Europa en 1940; cinco años después, su poder había colapsado. Egipto e Israel, después de décadas de enfrentamiento, encontraron una vía de entendimiento que desembocó en los Acuerdos de Camp David. Las relaciones entre los Estados Unidos y China pasaron, en pocas décadas, de la confrontación ideológica a una compleja interdependencia económica.

La historia argentina también demuestra que las posiciones relativas de los países pueden experimentar transformaciones extraordinarias. De Argentina potencia económica en 1930 a la decadencia posterior.

En consecuencia, el hecho de que una negociación se encuentre estancada durante décadas no significa que sus condiciones vayan a permanecer inalterables para siempre.

Malvinas y los momentos en que la balanza se inclinó

Desde la ocupación británica de 1833, la cuestión Malvinas atravesó distintas etapas. Hubo períodos en los que la posición argentina logró avances diplomáticos significativos y otros en los que el Reino Unido consolidó su capacidad de imponer el statu quo.

Uno de los hitos más importantes fue la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobada en 1965. Por primera vez, la comunidad internacional reconoció formalmente la existencia de una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido e instó a ambos países a negociar.

Desde la perspectiva de la negociación, aquel acontecimiento representó un cambio sustancial: Argentina consiguió trasladar el conflicto desde el plano bilateral hacia un escenario multilateral en el que su reclamo obtuvo un respaldo jurídico y político relevante.

No se trató de una transferencia de soberanía, pero sí de una modificación favorable del contexto negocial.

En 1968, el denominado Memorándum de Entendimiento abrió una posibilidad que, con el tiempo, adquirió especial relevancia histórica. El documento contemplaba avanzar hacia una solución de la disputa con la entrega de la soberanía a la Argentina y fue acompañado por una etapa de mayor cooperación entre el continente y las islas.

En aquellos años también se impulsaron medidas de integración, entre ellas los vuelos regulares entre las islas y el continente. La negociación parecía orientarse hacia una fórmula que permitiera compatibilizar la cuestión soberana con los intereses de los habitantes.

En 1974, durante la presidencia del general Juan Domingo Perón, volvió a explorarse la posibilidad de una soberanía compartida ofrecida por Reino Unido. Más adelante, en 1980, apareció la alternativa del arrendamiento, una fórmula que buscaba resolver la cuestión de la soberanía sin producir necesariamente una modificación inmediata de la administración de las islas.

Todas esas experiencias muestran que el conflicto no siempre estuvo limitado a la dicotomía “soberanía argentina o soberanía británica”. Existieron fórmulas intermedias, propuestas de cooperación y alternativas de transición que, por distintas razones, no llegaron a consolidarse.

Desde el punto de vista académico, ese dato es central: cuando una negociación se reduce a una única cuestión, disminuyen las posibilidades de encontrar una salida.

1982: cuando una oportunidad diplomática se convirtió en una guerra

La guerra de 1982 modificó radicalmente el escenario. La Argentina perdió la iniciativa diplomática que había acumulado durante años y el Reino Unido consolidó una posición militar y política que le permitió sostener el statu quo con mayor firmeza.

Desde la teoría de la negociación, el caso plantea una enseñanza particularmente importante: una acción puede modificar el poder relativo de un actor, pero también puede generar consecuencias que terminen debilitando su posición.

La recuperación militar del 2 de abril fue concebida por el gobierno argentino como una operación que debía abrir una etapa diplomática. Sin embargo, la decisión de prolongar el conflicto y avanzar hacia una confrontación armada de mayores dimensiones terminó produciendo un resultado muy distinto del inicialmente buscado.

La cuestión no es desconocer la legitimidad del reclamo argentino ni el valor de quienes combatieron. Es analizar, desde una perspectiva estrictamente académica, cómo una decisión estratégica puede alterar las condiciones de una negociación.

Después de la guerra, la Argentina mantuvo el reclamo soberano, pero durante largos períodos no logró construir una estrategia sostenida capaz de modificar sustancialmente el escenario.

La incorporación de la cuestión Malvinas a la Constitución Nacional de 1994 fue un paso institucional de enorme importancia. Sin embargo, la persistencia del reclamo no equivale, por sí sola, a una estrategia de negociación.

El poder también puede cambiar por factores externos

La teoría de la negociación identifica tres grandes vías por las cuales puede modificarse el poder relativo de los actores.

La primera consiste en que uno de ellos adopte decisiones que mejoren su posición.

La segunda aparece cuando el adversario comete errores que deterioran su capacidad de negociación.

La tercera se produce cuando el entorno internacional cambia y genera nuevas oportunidades para uno o ambos contendientes.

En el caso Malvinas, esta tercera posibilidad merece especial atención.

Los conflictos internacionales no se desarrollan en un vacío. Las prioridades de las grandes potencias cambian. Las alianzas se reconfiguran. Los recursos estratégicos adquieren nuevos valores. Las rutas marítimas, la energía, la pesca y la Antártida pueden modificar la importancia relativa de una región.

El Atlántico Sur, durante mucho tiempo considerado un espacio periférico de la geopolítica mundial, ha adquirido una relevancia creciente.

Y cuando cambia el valor estratégico de un territorio, también pueden cambiar los incentivos para negociar.

El petróleo, la pesca y la nueva dimensión del conflicto

Durante décadas, la discusión sobre Malvinas estuvo dominada por la cuestión soberana, con magros resultados. Sin embargo, una negociación moderna exige observar también los intereses económicos que rodean el conflicto.

La pesca constituye una actividad central para la economía de las islas. El petróleo y el gas, por su parte, pueden adquirir una importancia estratégica en un contexto internacional signado por la competencia energética y la búsqueda de nuevas fuentes de abastecimiento.

Argentina cuenta con un activo de enorme relevancia: Vaca Muerta.

Su desarrollo puede convertir al país en un proveedor energético de creciente importancia para los mercados internacionales. Desde la perspectiva de la negociación, esa capacidad no debería analizarse únicamente como una oportunidad económica interna, sino también como un instrumento potencial de influencia internacional.

Las empresas petroleras buscan rentabilidad, estabilidad jurídica y acceso a recursos. Los Estados, por su parte, procuran garantizar sus intereses estratégicos.

En ese cruce de intereses pueden aparecer nuevas alternativas de negociación.

No se trata de afirmar que Vaca Muerta, por sí sola, resolverá la cuestión Malvinas. Tampoco de suponer que los intereses económicos reemplazan a los derechos soberanos. Se trata de comprender que una negociación puede volverse más compleja, pero también más fértil, cuando incorpora intereses que antes permanecían fuera de la mesa.

De la negociación unifocal a la negociación multifocal

Los especialistas en negociación suelen distinguir entre negociaciones unifocales y multifocales.

Una negociación unifocal concentra toda la discusión en un único asunto. En el caso Malvinas, ese asunto ha sido históricamente la soberanía.

Una negociación multifocal, en cambio, incorpora distintas dimensiones del conflicto: soberanía, seguridad, economía, recursos naturales, comunicaciones, cooperación, intereses de los habitantes y relaciones regionales.

Esto no significa abandonar el reclamo soberano. Significa evitar que la soberanía sea el único asunto sobre el cual se discuta.

En términos académicos, la negociación multifocal permite ampliar el espacio de posibles acuerdos. Allí donde una cuestión parece bloqueada, otras pueden generar confianza, cooperación o incentivos para avanzar.

El caso Malvinas ofrece múltiples dimensiones susceptibles de análisis:

  • La cuestión de la soberanía.
  • Los intereses económicos vinculados con la pesca y los hidrocarburos.
  • La seguridad del Atlántico Sur.
  • La proyección antártica.
  • Las comunicaciones y la conectividad.
  • Las relaciones con los países vecinos.
  • La participación de los habitantes de las islas en aquellos asuntos que les afectan.
  • Las nuevas configuraciones geopolíticas internacionales.

La clave consiste en comprender que negociar no es resignar derechos: es construir condiciones para que esos derechos puedan ser defendidos con mayor eficacia.

Los habitantes de las islas: un actor que no puede ignorarse

Durante mucho tiempo, la posición argentina sostuvo que los habitantes de las islas no debían ser considerados una tercera parte en la disputa de soberanía.

Esa posición tiene fundamentos jurídicos e históricos. Sin embargo, desde la perspectiva de la negociación, resulta necesario distinguir entre reconocer a los habitantes como parte de la disputa y considerar sus intereses en cualquier proceso que pueda afectar su futuro.

Los habitantes de las islas tienen necesidades concretas: abastecimiento, conectividad, educación, salud, empleo y perspectivas de desarrollo.

La cuestión no es sustituir el reclamo soberano por una negociación sobre el bienestar de los isleños. Es comprender que los conflictos prolongados no se resuelven únicamente mediante argumentos jurídicos, sino también mediante la construcción de condiciones que hagan posible una convivencia futura.

En una negociación multifocal, los intereses de los habitantes pueden constituir una dimensión relevante, sin que ello implique desconocer la posición argentina sobre la soberanía.

Las alianzas: una cuestión de estrategia, no de simpatías

Otro aspecto decisivo es la política de alianzas.

La historia demuestra que los Estados no pueden elegir a sus aliados únicamente por afinidades ideológicas o simpatías circunstanciales. Las alianzas deben evaluarse en función de los intereses nacionales, la estabilidad internacional y las consecuencias de largo plazo.

La experiencia argentina durante la Segunda Guerra Mundial constituye una advertencia histórica sobre los costos que pueden generar determinadas decisiones de alineamiento.

En el escenario actual, la Argentina necesita construir una política exterior que combine principios, pragmatismo y capacidad de negociación.

Eso implica fortalecer los vínculos regionales, identificar intereses convergentes con otros países y evitar que la cuestión Malvinas quede atrapada en una lógica de confrontación ideológica.

La diplomacia no consiste en elegir amigos: consiste en construir capacidades de influencia.

Una oportunidad que exige profesionalismo

Desde la óptica de la teoría de la negociación, la intervención presidencial puede interpretarse como una oportunidad para volver a colocar Malvinas en el centro de la agenda internacional.

Pero una oportunidad no es todavía una estrategia.

Para que una nueva coyuntura se traduzca en resultados, será necesario construir una política de Estado sostenida, profesional y capaz de articular diplomacia, economía, defensa, relaciones regionales y conocimiento académico.

El desafío consiste en evitar dos errores opuestos: creer que nada puede cambiar o suponer que todo puede cambiar rápidamente.

La negociación internacional exige paciencia, preparación y lectura estratégica del entorno.

No se trata de esperar pasivamente a que el poder cambie de manos. Se trata de identificar qué decisiones pueden contribuir a que ese cambio ocurra y cómo aprovecharlo cuando suceda.

Una conclusión desde la disciplina negocial

Malvinas constituye un caso de estudio excepcional para quienes enseñamos negociación.

Su historia demuestra que el poder relativo de los actores puede modificarse. Que las oportunidades diplomáticas pueden aparecer y desaparecer. Que los errores estratégicos pueden tener consecuencias duraderas. Y que los cambios del entorno internacional pueden abrir escenarios que antes parecían imposibles.

La Argentina tiene una causa soberana que no necesita ser abandonada para ser defendida con mayor inteligencia.

Lo que necesita es una estrategia capaz de transformar el reclamo en una política de influencia.

En ese sentido, la reciente reaparición de Malvinas en la agenda pública puede ser una oportunidad auspiciosa. Pero el verdadero desafío no será el impacto mediático de una declaración, sino la capacidad de construir, con profesionalismo y visión de largo plazo, una negociación que incorpore todos los intereses relevantes.

Porque, en definitiva, el poder puede cambiar de manos.

Y cuando cambia, los países que están preparados para negociar son los que tienen mayores posibilidades de transformar una oportunidad histórica en un resultado estratégico.

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas. El desafío es construir las condiciones para que esa convicción pueda traducirse, algún día, en una solución de soberanía.

Escrito por el abogado local Dr. Miguel A. R. Donadío – Postgraduado en Negociación — UCA

*La opinión expresada en esta editorial corresponde exclusivamente a su autor y no necesariamente refleja la posición del medio.

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