Se refirió a los recientes casos de uso inapropiado de drogas anestésicas por parte de profesionales de la salud.
“Discernir significa distinguir, diferenciar, saber las opciones correctas de las incorrectas, lo verdadero de lo falso. Esa es la última virtud que el médico tiene que tener, que no es una virtud que nace con uno, sino que se hace con el transcurso del aprendizaje, del pregrado y después en el posgrado, donde uno aprende lo que se llama el oficio el oficio de ser médico”.
Lo enfatizó esta mañana en diálogo con Radio Altos el médico Daniel Fainstein en el marco de un análisis de los recientes hechos que se conocieron de uso inapropiado de drogas anestésicas por parte de profesionales de la salud.
Enfatizó que un médico es un filósofo y debe saber al momento de una consulta qué está bien y qué está mal. Por eso, entendió que utilizar propofol en una casa particular es directamente una banalización de la profesión. “Lo primero que está haciendo el médico con estos ejemplos es autodañarse”, advirtió.
Frente a este contexto sostuvo que la filosofía que el médico debe tener para uso cotidiano en su profesión, se ha perdido y tiene que volver a ser enseñada. “No me alcanza con el burnout para explicar todo lo que está pasando”, remarcó sobre el síndrome del “trabajador quemado” que es el estado de agotamiento físico, mental y emocional crónico provocado por el estrés laboral sostenido.
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