La industria minera global vuelve a moverse al ritmo de las grandes fusiones. Esta vez, los protagonistas son dos pesos pesados del sector: Rio Tinto y Glencore, que confirmaron estar en conversaciones iniciales para una posible operación que, de concretarse, daría lugar a la mayor minera cotizante del mundo, con una valuación cercana a los u$s207.000 millones, según revelaron Financial Times, Mining.com, Reuters y Bloomberg.
En términos de tamaño, el salto sería histórico. Rio Tinto, el mayor productor mundial de mineral de hierro, tiene una capitalización bursátil cercana a los u$s142.000 millones, mientras que Glencore -uno de los principales jugadores globales en metales básicos- está valuado en torno a u$s65.000 millones al cierre de su última rueda.
La confirmación de las conversaciones tuvo un impacto inmediato en los mercados. En Nueva York, las acciones de Glencore treparon cerca de 6%, reflejando el entusiasmo de los inversores ante la posibilidad de una operación transformadora. El movimiento fue inverso para Rio Tinto: sus papeles en Australia llegaron a caer hasta 6,4%, la mayor baja intradiaria desde julio de 2022, en una jornada en la que el mercado en general operó en terreno positivo.
La reacción dispar dejó al descubierto uno de los principales interrogantes que rodean a la negociación: el precio. Según coincidieron medios especializados, algunos analistas advierten que existe el riesgo de que Rio Tinto termine pagando una prima demasiado elevada por Glencore. “Si el valor final del acuerdo es muy alto, la transacción podría destruir parte del valor para los accionistas”, señaló Tim Hillier, analista de la gestora de fondos Allan Gray, que tiene participación en la minera anglo-australiana.
Desde esa mirada, también surge otra pregunta de fondo. Rio Tinto cuenta con una sólida cartera de proyectos propios con alto potencial de crecimiento, lo que lleva a algunos inversores a preguntarse por qué la compañía necesita salir a buscar una expansión de esta magnitud a través de una adquisición externa.
Si finalmente se concreta, la fusión se convertiría en el mayor acuerdo minero de la historia, según datos de London Stock Exchange Group (LSEG), y daría origen a una compañía con un valor de mercado superior al del Grupo BHP, que hoy ronda los u$s161.000 millones. En ese contexto, las acciones de BHP subieron 0,6% en las primeras operaciones del viernes en Australia, en una señal de que el mercado ya empieza a recalibrar el nuevo mapa del sector.
Sin embargo, y según pudo verificar Energy Report de fuentes internacionales confiables al tanto de las conversaciones, detrás del tamaño del acuerdo y del ruido que genera el carbón, el verdadero eje de la negociación parece estar en otro metal: el cobre.
Un giro inesperado: Río Tinto y el carbón como paso intermedio
Rio Tinto estaría dispuesto -al menos de forma transitoria- a adquirir el negocio de carbón de Glencore, aun cuando abandonó ese segmento en 2018 por presión de inversores y criterios ESG. La estrategia sería clara: aceptar el paquete completo para destrabar la operación y desinvertir luego los activos carboníferos, eliminando así uno de los principales obstáculos históricos para una fusión entre ambas compañías.
Glencore, en cambio, profundizó su apuesta por el carbón en los últimos años, especialmente tras adquirir en 2023 el negocio carbonífero de Teck Resources, lo que la consolidó como uno de los mayores productores globales del mineral. Teck y Anglo American, que cotiza en la bolsa de Londres, están a punto de cerrar una fusión para crear otro peso pesado de u$s53.000 millones también centrado en el cobre.
Por ahora, no hay decisiones definitivas. Las discusiones también incluyen temas sensibles como la valuación de activos, la estructura del acuerdo y el liderazgo del eventual grupo fusionado. Bajo las reglas británicas de adquisiciones, Rio Tinto tiene plazo hasta el 5 de febrero para presentar una oferta formal o retirarse.
El cobre, el verdadero motor de la negociación
Más allá del carbón, analistas e inversores coinciden en que el principal atractivo de Glencore es su cartera de activos cupríferos, en un contexto de precios en alza y restricciones de oferta global. El mercado atraviesa una nueva ola de consolidación impulsada por la necesidad de asegurar el suministro de cobre, un metal clave para la transición energética, la electrificación y las nuevas tecnologías.
En las últimas semanas, el cobre superó los u$s13.000 por tonelada, empujado por interrupciones en minas, acumulación de inventarios en Estados Unidos ante posibles aranceles y una demanda estructural que sigue creciendo. Se estima que en octubre pasado había entre 730.000 y 830.000 toneladas de material económicamente “atrapado” en los EEUU, lo que aumenta las existencias del Chicago Mercantile Exchange (CME) mientras que ajusta las del resto del mundo e impulsa las primas considerablemente al alza.
Para Rio Tinto, el desafío es claro: diversificar su exposición, hoy fuertemente concentrada en el mineral de hierro, cuyo precio enfrenta presiones de largo plazo por la desaceleración del mercado inmobiliario chino. Comprar activos en producción aparece como una opción más atractiva que esperar años para desarrollar nuevos proyectos desde cero.
El debate ESG y el péndulo que vuelve al carbón
La disposición de Rio Tinto a tolerar activos de carbón, aunque sea de manera temporal, refleja un cambio más amplio en el clima político y empresarial global, con una menor presión regulatoria verde, especialmente tras el regreso de Donald Trump al centro de la escena política en Estados Unidos.
Aun así, el riesgo reputacional sigue latente. Algunos fondos mantienen restricciones explícitas para invertir en compañías con exposición al carbón térmico, lo que podría limitar el apoyo de ciertos accionistas.
En paralelo, Glencore busca recuperar la confianza de los inversores tras varios años de incumplimientos en metas productivas. En su último Investor Day, la compañía presentó un ambicioso plan para casi duplicar su producción de cobre en la próxima década, un mensaje que llegó justo cuando el mercado volvió a poner al metal rojo en el centro de la escena.
En definitiva, el carbón puede ser el peaje para cerrar el trato, pero el cobre es el destino final. Y en esa carrera por asegurarse los activos del futuro, la minería global vuelve a reordenarse, con Argentina observando de cerca desde un lugar cada vez más estratégico.
Una historia larga, con heridas abiertas
El posible acuerdo también revive una relación compleja. En 2014, Glencore intentó avanzar con una fusión que fue rápidamente rechazada por Rio Tinto, dando lugar a un enfrentamiento público que dejó al descubierto profundas diferencias culturales y estratégicas.
Las conversaciones se retomaron de manera discreta en la segunda mitad de 2024, pero volvieron a trabarse por desacuerdos en la valuación. Desde entonces, el escenario cambió: el cobre se disparó, Glencore reforzó su narrativa como plataforma de crecimiento en ese metal y Rio sigue dependiendo en gran medida del hierro.
También hubo cambios clave en el liderazgo. Rio Tinto reemplazó a Jakob Stausholm por Simon Trott, un ejecutivo de carrera dentro de la compañía, más alineado con el presidente Dominic Barton, lo que -según analistas- podría facilitar las negociaciones. Tanto Trott como el CEO de Glencore, Gary Nagle, fueron recibidos en agosto del pasado por el presidente Javier Milei en Casa Rosada, para dialogar sobre las actuales y futuras inversiones en el país.
Qué activos tienen Rio Tinto y Glencore en Argentina
En este contexto, Argentina no es ajena a la estrategia de ambas compañías. En el país, Rio Tinto se centra principalmente en el litio, con varios proyectos en Jujuy, Salta y Catamarca. Glencore apuesta a la reactivación de la industria cuprífera argentina con grandes proyectos de cobre y polimetálicos en Catamarca y San Juan.
Río Tinto es la principal productora de litio del país, luego de adquirir Arcadium Lithium por u$s6.700 millones en marzo del 2025. Actualmente opera dos de los seis proyectos activos en Argentina: Fénix, en Catamarca, que avanza a su segunda ampliación la fase 1B, que sumará otras 10.000 toneladas a la capacidad ya existente de 32.000 toneladas, y Salar de Olaroz, en Jujuy, que comparte con Toyota Tsusho Corporation (TTC) y produce unas 42.500 toneladas.
En Jujuy Rio Tinto también posee el proyecto a desarrollar Cauchari cerca de la planta Olaroz, con potencial para producir 25.000 toneladas de LCE, y Sal de Vida, que aportará 15.000 toneladas anuales de carbonato de litio, y todavía espera luz verde a un RIGI presentado por u$s638 millones.
Lo que sí ya aprobó el Gobierno nacional el año pasado fue la adhesión al RIGI del proyecto Rincón, en Salta, donde la compañía se comprometió a invertir un total de u$s2.700 millones. La capacidad de Rincon, de 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio de grado batería, se compone de la planta de arranque de 3.000 toneladas y la planta de expansión de 57.000 toneladas.
Rio Tinto posee además de la planta Güemes en Salta, que produce cloruro de litio concentrado en forma sólida a partir de salmuera de alta calidad del Salar del Hombre Muerto.
Glencore, por su parte, es uno de los actores históricos del cobre en Argentina. Tiene el proyecto El Pachón en San Juan, uno de los mayores yacimientos de cobre sin desarrollar del país, con recursos estimados en más de 7.000 millones de toneladas, aún en etapa de factibilidad. Y en Catamarca posee el Proyecto MARA (Minera Agua Rica–Alumbrera), un activo clave de cobre, oro y molibdeno, con infraestructura heredada de Alumbrera y potencial para convertirse en uno de los principales proyectos cupríferos del país si logra destrabar permisos y financiamiento.
Para estos dos proyectos Glencore ya presentó un RIGI por u$s13.000 millones. La solicitud aclaró que implica una inversión de capital de u$s4.000 millones para el desarrollo de Agua Rica y de u$s9.500 millones para el desarrollo de El Pachón (Fase 1) durante la próxima década.
Más recientemente, Glencore anunció que después de casi una década de silencio operativo, Alumbrera vuelve a encender motores. La compañía confirmó que reiniciará las operaciones del histórico yacimiento catamarqueño de cobre, oro y molibdeno, con vistas a comenzar la producción durante el primer semestre de 2028.
El proyecto, que dejó de operar en 2018, prevé una producción estimada de 75.000 toneladas de cobre, además de 317.000 onzas de oro y 1.000 toneladas de molibdeno a lo largo de cuatro años.
Fuente: diario Ámbito