La participación de Irán en el Mundial 2026 quedó envuelta en incertidumbre tras la escalada militar con Estados Unidos e Israel.
Aunque la selección asiática ya está clasificada, el conflicto bélico abrió un escenario extremo: una eventual renuncia o exclusión que obligaría a la FIFA a reemplazarla mediante su reglamento oficial, a menos de cuatro meses del inicio del torneo.
El certamen que organizarán Estados Unidos, México y Canadá aparece atravesado por un contexto político que excede al fútbol. Durante el fin de semana se registraron bombardeos sobre Teherán y otras ciudades iraníes, con decenas de víctimas fatales, mientras Irán respondió con ataques a bases militares estadounidenses en Medio Oriente.
La tensión internacional impactó de lleno en el deporte, ya que la liga local fue suspendida y las autoridades del fútbol iraní admitieron que la presencia en la Copa del Mundo ya no resulta segura.
El presidente de la federación iraní, Mehdi Taj, reconoció en la televisión estatal que “con lo que ocurrió hoy es improbable mirar con esperanza al Mundial”, aunque aclaró que la decisión final dependerá de las autoridades deportivas.
El problema central no solo responde al conflicto armado, sino también a las restricciones migratorias y de seguridad, debido a que los tres partidos del Grupo G están programados en territorio estadounidense, donde Irán debe enfrentar a Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda.