Paula Bombara contó cómo fue crecer con un papá desaparecido, cuyo cuerpo recién lo recuperaron 34 años después.
Daniel José Bombara era docente de la Universidad Nacional del Sur y el 29 de diciembre de 1975, tres meses antes del golpe de Estado, fue secuestrado, torturado y asesinado. Su cuerpo fue recuperado 34 años después.
“Mi papá ayer estuvo presente en la marcha, en los pañuelos bordados por gente muy querida. La marcha fue muy emocionante y multitudinaria”, expresó Paula Bombara quien participó en la Ciudad de Buenos Aires de la movilización a 50 años del inicio de la última dictadura cívico militar.
En diálogo con Radio Altos relató lo vivido a mediados de la década del 70 en Bahía Blanca, que marcó a su familia. “Mi papá se fue una mañana muy temprano a hacer una actividad de militancia, a repartir unos comunicados. Le habían dicho que tenía que juntarse con unas compañeras en una esquina y ahí secuestraron. Desde ese momento lo estuvimos buscando”, detalló.
“Yo era muy pequeña, tenía tres años, y con mi mamá nos tuvimos que ir de nuestra casa con lo puesto. Vinimos a vivir a la Ciudad de Buenos Aires y en el 78 nos secuestraron. Por suerte siempre estuve con mis abuelos, no perdí mi identidad, y a mi mamá, que estuvo desaparecida un tiempo, después la soltaron”, agregó.
A partir de ese momento comenzaron a estar relacionadas con organismos de derechos humanos, y en la escritura, en particular dirigida a las infancias y juventudes, encontró el espacio para plasmar la necesidad de que lo vivido por su familia y por miles de personas que fueron secuestradas, torturadas, desaparecidas y asesinadas, no vuelva a suceder nunca más.
“Ninguna infancia tiene derecho a vivir esto; ninguna juventud tiene derecho a que por expresarse libremente la secuestren, la desaparezcan”, aseveró.
Destacó la importancia de la conversación entre generaciones, que en su caso siempre estuvo presente porque, sobre todo su abuela materna, le contó detalles de la vida de su papá, de su mamá y de lo que se vivió en Argentina durante la dictadura. “Esa conversación me ha permitido siempre tener conciencia de la injusticia y ahora falta eso, faltan muchas más horas de conversación con nuestras juventudes, con los chicos, con los adolescentes”, insistió.
En diciembre pasado los torturadores de su papá fueron condenados en el marco del juicio de lesa humanidad denominado Megacausa Zona 5. El tribunal compuesto por los jueces Ernesto Pedro Francisco Sebastián, Sebastián Lusi Foglia y Marcos Javier Aguerrido, condenó a 31 imputados, 16 de ellos a prisión perpetua.
En el caso de uno de los torturadores de Bombara, el expolicía Claudio Kussman, goza de prisión domiciliaria, por eso Paula decidió no volver a Bahía Blanca. “Los juicios de lesa humanidad son muy necesarios para que haya justicia. Llegar a una sentencia tan favorable para nuestras familias nos dio alivio. De todos modos, sabemos que Kussman goza de prisión domiciliaria y eso hace que a mí no me den ganas de ir a Bahía Blanca porque me podría cruzar al hombre que torturó a mi padre”, advirtió.
Subrayó que tiene muchos detalles de lo que su papá sufrió, por testimonios de testigos: “tuvo una muerte terrible y después con crueldad lo tiraron en una zanja en Merlo; lo dejaron como un NN cuando toda su familia lo estaba buscando”.
El cuerpo de Daniel fue hallado y recuperado en noviembre de 2009 del cementerio de Santa Mónica, en el partido bonaerense de Merlo, por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Y dos años después su familia pudo darle sepultura “como él hubiera querido”. “Desde 1975 hasta esa fecha fue mucha la injusticia y la crueldad”, expresó.
Y expuso: “Si te ponés unos segundos en los pies de ese joven, lo que ha sufrido y la crueldad de no tener idea qué iba a pasar con sus huesos, con su cuerpo, siendo un hombre tan católico y creyente. A mí eso me sigue generando mucho dolor porque nadie merece eso”.
Sobre su historia personal y cómo atravesó estos más de 50 años desde que desapareció su papá, dijo que su mamá es una mujer excepcional que siempre le dio herramientas a través del diálogo, del arte, de la ciencia y del estudio para ir transitando todo el proceso. “Yo me refugié muchísimo en la lectura y en el estudio. A partir de ahí fui construyendo la vida como cualquier otra persona que tiene una infancia complicada, difícil y dolorosa. Fui construyendo una adultez sana y con muchos espacios de felicidad porque si no, no se puede. Hoy tengo una vida muy feliz, estoy rodeada de gente que amo y que me ama y eso es mucho, es un montón”, manifestó.
Y concluyó: “dentro de esas personas están también los compañeros y compañeras de mi padre que se acercan y que lo siguen teniendo presente y eso da satisfacción porque evidentemente era un muy buen tipo para que haya tanta gente que me lo siga diciendo. Los huecos de los seres queridos que ya no están te quedan toda la vida, el tema es cómo los acomodás en tu presente. Mi papá está súper presente en todo lo que hacemos y de una manera alegre”.