Luego de amenazar con eliminar a toda una civilización en Irán, Donald Trump anunció ayer una tregua con el régimen iraní que incluye suspender por 15 días los ataques y reabrir el Estrecho de Ormuz.
“Ese cambio se explica por el juego de correlación de fuerzas”, planteó esta mañana en diálogo con Radio Altos el abogado, profesor universitario y especialista en temas internacionales, Federico Storani.
Remarcó que en el inicio de la guerra la fuerza era abrumadoramente favorable a la coalición de Estados Unidos e Israel desde el punto de vista bélico y militar, pero la estrategia llevada adelante por Irán desde el principio logró contrarrestarla.
El régimen iraní, analizó, decidió no responder de manera frontal, guardó reservas, jugó con el tiempo y finalmente usó la herramienta que le permitió llegar a un acuerdo de alto el fuego: el cierre del Estrecho de Ormuz por el que pasa el 20% del flujo energético mundial y que “es imprescindible para las economías fundamentalmente de Occidente”. “Allí estuvo la mayor capacidad de presión en una guerra que es extremadamente asimétrica”, insistió.
Para Storani, Estados Unidos ya se encontraba en una situación de escalada hacia un delirio extremadamente peligroso, como afirmar que se iba a exterminar toda una civilización.
Sin embargo, no dudó en aseverar que la guerra para Estados Unidos se estaba convirtiendo en extremadamente impopular, aún dentro de su propio territorio. Y recordó las movilizaciones en ciudades estadounidenses de las que participaron más de 8 millones de personas. “Se expresaba un malestar creciente, una caída de la popularidad de Trump, un nivel de aislamiento cada vez mayor. Todo esto conjugado llevó a un alivio para la humanidad que significa el alto el fuego”, evaluó.
Hizo hincapié en que las pretensiones que tenía Estados Unidos al decidir atacar Irán han ido bajando con el correr de las semanas porque primero planteó la necesidad de eliminar el programa nuclear iraní y luego reducir la capacidad misilística del país asiático, y ninguna se concretó. Lo mismo con lograr la caída del régimen, produciendo una implosión social interna que pudiera establecer un nuevo gobierno, pero eso sostuvo “ya es prácticamente una fantasía a pesar de que logró matar a decenas de personas, empezando por el líder supremo hasta jefes militares e incluso al jefe de la inteligencia militar de Irán”.
“Las pretensiones fueron cada vez menores y quedaron reducidas a la apertura del Estrecho de Ormuz por el impacto que tenía sobre todo por sus socios en la región del Golfo Pérsico”, subrayó.
Para Storani, la espada de Damocles que tiene Trump es la elección de medio término del 4 de noviembre próximo en EE.UU, y frente a una caída de su imagen y de su popularidad de acuerdo a recientes encuestas, el presidente estadounidense decidió “poner fin a esta guerra porque no se quiere quedar sin todo el capital político que tuvo en algún momento”.
Al ser consultado sobre el rol del presidente argentino Javier Milei, afirmó que su papel ha sido y sigue siendo ridículo: “Nos metió en una guerra en la que no estaban en juego nuestros intereses. Está clarísimo que lo hizo simplemente por una sobreactuación de alcahuetería, por este alineamiento incondicional que tiene con Estados Unidos de Norteamérica y con Israel”.
Por último, respecto de qué motivó a Trump a atacar Irán, opinó que hubo “un tanteo de tratar de imponer condiciones geopolíticas sobre una región extremadamente sensible” como es Medio Oriente por sus recursos energéticos.
Y agregó que, como hizo con Venezuela, comenzó con una demonización y advertencia de un peligro inminente de desarrollo nuclear, y luego mostró las verdaderas causas: “el dominio del Estrecho de Ormuz, la posibilidad de afianzar una relación con los países del Golfo que son estratégicos para la provisión de energía, y un asentamiento, sobre todo geopolítico, que afecte a la competencia principal de la hegemonía de Estados Unidos, que es la República Popular China”.