El conflicto que se inició el 28 de diciembre se expandió rápidamente, alcanzando a 92 ciudades en 27 de las 31 provincias.
Las protestas en Irán, iniciadas el pasado 28 de diciembre, ya dejaron un saldo de al menos 36 muertos y más de 2.000 detenidos, según datos de la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos. El conflicto se expandió rápidamente, alcanzando a 92 ciudades en 27 de las 31 provincias, convirtiéndose en el mayor estallido social desde las protestas de 2022.
En Teherán, el emblemático Gran Bazar cumplió su segunda jornada consecutiva de inactividad, con la mayoría de sus persianas bajas en protesta por la inflación y la devaluación del rial. Esta medida de fuerza de los comerciantes se replicó en ciudades estratégicas como Shiraz, Tabriz y Bandar Abás, reflejando un malestar económico generalizado que paraliza los principales centros de consumo.
La respuesta de las fuerzas de seguridad incluyeron el uso de gas lacrimógeno para dispersar a comerciantes y estudiantes, destacándose el violento desalojo en la Universidad Islámica Azad de Kermanshah. Por su parte, la agencia oficial Fars reportó que cerca de 300 efectivos, entre policías y miembros de la fuerza paramilitar Basij, resultaron heridos durante los enfrentamientos.
Ante la gravedad de los hechos en el condado de Malekshahi, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, ordenó al Ministerio del Interior conformar un equipo especial para realizar una “investigación exhaustiva” sobre la muerte de manifestantes. Asimismo, el gobierno reconoció un incidente en un hospital de Ilam, donde fuerzas antidisturbios ingresaron en busca de manifestantes, acción calificada como “crimen” por los Estados Unidos.