Coope Borlenghi
Nacionales - 16:13
Nacionales - 10 de abril 2026, 16:13

Día del Investigador Científico en Argentina: “Nos encontramos con un panorama desolador”

La ciencia nacional enfrenta un escenario crítico: desfinanciamiento, falta de presupuesto para investigaciones, en todos sus organismos, universidades y sueldos que no alcanzan.

Este 10 de abril, la conmemoración del Día del Investigador Científico por el nacimiento de Bernardo Houssay el primer latinoamericano en recibir un Premio Nobel y el visionario que impulsó la creación del CONICET en 1958.

Sin embargo, en la actualidad el sector se encuentra en una situación sin precedentes. A pesar del streaming del fondo de mar que logró millones de visualizaciones en internet y de la misión con el microsatélite Atenea, los investigadores viven una realidad asfixiante.

Houssay afirmaba que “los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico”, esta idea parece que fue olvidada y no se refleja en la Argentina actual. Según el último informe del Grupo EPC, la Función Ciencia y Técnica (FCyT) se proyecta para finales de 2026 en un 0,140% del PBI, lo que representa un nuevo mínimo histórico absoluto desde que se inició la serie en 1972, perforando incluso los suelos de 1976 y 2002.

Este ajuste no es solo una cifra es un golpe a diferentes organismos que conforman una red federal en todo el país, sino también a miles de investigadores e investigadores que quieren aportar con sus trabajos y conocimiento. La Agencia I+D+i, motor del financiamiento de proyectos, sufrió una caída real del 85,5% en tres años. El CONICET, por su parte, perdió el 42,2% de su presupuesto desde 2023.

Para Agustín Ormazábal, Doctor en Ciencia y Tecnología de la UNQ y miembro de la Mesa Federal por la Ciencia y la Tecnología, lo que ocurre es una “desinversión en un sentido exponencial”. Ormazábal advirtió que no se trata solo de dejar de recibir fondos, sino de la pérdida de lo ya invertido.

“Se invirtió un montón de dinero a lo largo de los últimos años para formar a los recursos humanos, para acceder a determinados equipos o líneas celulares; todo eso se pierde en la medida que no tenés dinero para sostenerlo, para reparar lo que se rompe o para mantener al personal”, sentenció.

A esto se suma la crítica situación en los laboratorios: Evelin Cotella, neurocientífica e investigadora del Instituto Ferreyra en Córdoba, explicó que el costo de los reactivos, muchos de ellos importados, es altísimo. La situación ha llegado a un extremo ético: “Muchos investigadores están pagando de sus propios bolsillos o sacando créditos para mantener a los animales de laboratorio”. Cotella advierte que si estas líneas de animales se pierden, el daño será irrecuperable.

En relación con los puestos de trabajo que puede absorber el sector privado, Ormazábal aporta un dato alarmante: el año pasado fue el primero en una serie histórica larga en la que el sector privado también desinvirtió en investigación científica en el país: “El privado mismo también está desinvirtiendo debido a una crisis estructural que no afecta únicamente a la ciencia”.

Cotella, quien regresó al país en 2023 a través del Programa RAICES para la repatriación de científicos, describe un panorama desolador donde los sueldos perdieron casi un 40% de su valor real. “Las preocupaciones de cómo sostengo la investigación pasan a ser cómo sostengo mi vida”, relató, mencionando que hay colegas vendiendo comida o trabajando en aplicaciones de conductores de autos para subsistir.

Algunos investigadores están pagando de sus propios bolsillos o sacando créditos para alimentar a los animales de laboratorio, ya que perder esas líneas de investigación sería “irrecuperable”.

El 80% de quienes investigan son, además, docentes universitarios. Sin embargo, los salarios no alcanzan: “Mi salario como docente en la universidad es de 270.000 pesos; eso te lleva a que necesariamente tenés que tener otro sustento de vida”.

A pesar de esta dramática situación, el investigador destacó que la ciencia argentina tiene una tradición que la sostiene: su carácter colectivo. “No hay manera de hacer ciencia en soledad, y me parece que tampoco se puede resistir en soledad”. En los laboratorios y universidades, el intercambio de insumos y la colaboración entre colegas se han vuelto la última línea de defensa para sacar adelante las investigaciones.

La consigna que hoy resuena en el sector es una advertencia para el futuro de la nación: “No queremos ser la última generación científica argentina”“Sigue valiendo la pena luchar por esto. No nos damos por vencidos y vamos a seguir adelante”, reflexionó Cotella.

El informe del Grupo EPC destaca que el salario del sector cayó un 39,5% en términos reales desde noviembre de 2023. A esto se suma la cancelación definitiva de las convocatorias PICT 2022 y 2023.

La brecha entre la Ley de Financiamiento 27.614 (que preveía una inversión del 0,520% para 2026) y la realidad actual es de casi el 75%. Sin becarios nuevos ingresando al sistema y con investigadores viendo cómo sus sueldos se pulverizan, la ciencia argentina lucha por no desaparecer.

Como decía Houssay: “La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”. En este Día del Investigador, la lucha del sistema científico-tecnológico es, fundamentalmente, una lucha por el futuro de la nación frente a un vaciamiento que, de no revertirse, dejará cicatrices permanentes.

Fuente: C5N

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