Llegó a un 40 por ciento en los primeros ocho meses de este año. En la actualidad no existe ninguna restricción legal para ejecutar la operación.
La importación de ropa usada se multiplicó por más de 40 en los primeros ocho meses de 2025 en comparación con todo el 2024, según cifras de la Cámara Argentina de la Indumentaria.
Los volúmenes todavía son bajos pero el crecimiento es vertiginoso. Se trata de una maniobra que estaba prohibida por cuestiones sanitarias y ambientales pero a la que el Gobierno ahora le da rienda libre. La mercadería llega mayormente de EEUU porque allá está prohibido incinerarla, ante regulaciones ambientales y costos crecientes de destrucción.
Los industriales locales advierten por el riesgo ambiental y ponen el ejemplo del desierto de Atacama, conocido como “el basural del mundo” .(foto que ilustra la crónica)
Distintos sectores vienen advirtiendo por el crecimiento de la mercadería que llega de contrabando, la subfacturación de importaciones y otros asuntos, pero en el caso textil hay un fenómeno que consideran insólito: la importación de fardos de ropa usada.
A través de redes sociales, los importadores ofrecen mercadería que en muchos casos es desechada por países como EEUU ante la prohibición de incinerarla. Los distribuidores la reúnen en fardos de entre 25 y 50 kilos que se pueden agrupar por tipo de prenda o incluso por marcas.
Si bien los volúmenes por ahora no son altos, la señal de alarma se enciende por la velocidad del crecimiento. Según datos de la Cámara Argentina de la Indumentaria, en los primeros ocho meses de 2025 se importó ropa usada por u$s2,2 millones, mientras que en todo 2024 había alcanzado apenas los u$s52.000.
Es un fenómeno novedoso porque la maniobra estuvo prohibida desde el año 1999 mediante distintas normativas y prórrogas. La última fue el decreto 133 del año 2017 que venció en mayo del 2022, pero como en aquel momento regían otras restricciones como las licencias no automáticas, la modalidad no fue viable hasta el año pasado.
En la actualidad no existe ninguna restricción vigente. En su momento, las distintas medidas buscaron proteger la salud pública, la seguridad y el medio ambiente. En el sector industrial advierten ahora por esos mismos riesgos. Ponen como ejemplo el desierto de Atacama donde importadores descartan hasta un 40% de la mercadería y por eso el sitio se conoce como “el basurero del mundo”.
Fuente: Ambito