Osvaldo Rigoni recordó su paso por las islas durante el conflicto. Denunció que "hubo una dictadura de los oficiales" y pidió "contar la historia completa".
El Dr. Osvaldo Rigoni es uno de los tantos excombatientes que formó parte de la guerra de Malvinas. Allí le tocó cumplir años, apenas 20, a los pocos días de llegar a las islas.
Participó del conflicto bélico con el Regimiento de Infantería 7 de La Plata, en el monte Longdon. “Fui con 19 años y volví con 20, cumplo años el 24 de abri; llegamos el 13 y nos volvimos cuando nos tomaron prisioneros, estuvimos más de 80 días”, relató en diálogo con Radio Altos.
Contó sus inicios haciendo la colimba tal como se establecía en esa época del servicio obligatorio: “En noviembre del ’81 me dieron de baja, que se daba a los conscriptos; al año siguiente empecé a hacer el curso de ingreso para la Universidad de Buenos Aires”. “A fines de marzo fuimos con un compañero de Punta Alta a buscar los resultados, habíamos aprobado y estábamos contentos”, agregó.
Relató que vivía con su tía en Villa Adelina y allí fue que leyó en el Diario Crónica que los soldados que habían sido dados de baja tenían que regresar al cuartel. “Al otro día me fui a La Plata y le dije a mi tía que volvía a la noche o al otro día, pero nos dejaron adentro”, recordó.
Sobre el conflicto detalló que le tocó estar en el Monte Longdon ya que “una vez que se tomaba era el paso directo a Puerto Argentino, la puerta de entrada”. Al lado estaba el Dos Hermanas que también fue atacado por paracaidistas ingleses.
“Cuando llegamos de noche, eran las 5 de la tarde. Fuimos al otro día y ahí nos hicieron hacer esos pozos en los que teníamos que estar. Era un terreno agreste, arcilloso, donde uno cavaba y había humedad, agua. Ahí estuvimos hasta el último día, yo en una ladera”, describió Rigoni.
Por otra parte, dijo que “en una noche oscura, fría, nos despertamos porque un paracaidista inglés pisó una mina, y ahí fue donde se desarrolló uno de los combates más sangrientos”. Y añadió: “Cuando fuimos a nuestra posición, fue algo tranquilo donde nos dimos cuenta, por lo menos los que tenemos algo de memoria, de cómo venía la mano con oficiales o suboficiales. Nosotros en un pozo y ellos en la covacha, como le decíamos, con elementos de comida, abrigo”.
Ahí, soslayó, “empezamos a tener conflicto con ellos, y les empezamos a marcar que las condiciones eran iguales para todos”. En efecto exigió “contar la historia completa”.
“Pasan los años y se cuenta lo que se quiere. Más del 60 por ciento de la población desconoce o no conoce la gesta Malvinas. En Malvinas hubo una dictadura. Hay imputados oficiales y suboficiales por delitos de lesa humanidad en Malvinas. Del regimiento 7 de La Plata hubo 33 soldados muertos, y 125 heridos, contra 1 oficial muerto y 2 suboficiales muertos”, cuestionó.
“Los que estuvimos en peores situaciones fueron los soldados conscriptos. No éramos profesionales de la guerra, no nos pagaban para instruirnos y poder ir a una guerra. Pasamos hambre”, lanzó.
En otro tramo de la entrevista, el excombatiente enfatizó que “desde el día que bombardearon al crucero Belgrano, al día siguiente en nuestro monte pasaban los aviones ingleses bombardeando, y durante la noche tenían la artillería naval. Psicológicamente te destruyen. Si le agregas que los vecinos chilenos, Estados Unidos enviaban la información satelital. No teníamos cocina, víveres, estábamos mojados, se nos produjo lo que se conoce como pie de trinchera”.
Sobre los pensamientos en ese momento recordó crudamente lo difícil que era estar ahí con 19 años y no saber nada de su familia. “Ver que tus compañeros ante la desesperación se pegaban un tiro en el pie para ir al Hospital y estar calentitos y con comida. Les digo a mis hijos: ¿Qué hubiera pasado conmigo si la guerra duraba 15 días más?”.
Sobre su regreso al país, contó que lo hicieron en el crucero Camberra y que “nos atendieron mejor que los militares argentinos”. “En Puerto Madryn la gente nos recibió muy bien. La historia cuenta que la ciudad se quedó sin pan porque era lo que pedíamos para comer”, siguió.
“De ahí nos llevaron al Palomar, en la escuela Mecánica nos quisieron hacer callar, armamos un quilombo, nos llevaron a La Plata, me puse la ropa que tenía y me fui a lo de mi tía para decirle que estaba vivo”, subrayó.
Respecto a la comunicación con su familia durante su paso por Malvinas, Rigoni criticó que no recibió cartas y todas las que mandó no fueron recibidas porque pasaban por el sistema de inteligencia militar. “Cuántas cartas escribió el pueblo argentino, millones; y cuántas recibimos, muy pocas. Estábamos en un gobierno de facto”, relató.
El conflicto dejó además muchos problemas de salud mental en los veterano. “En la posguerra hubo más muertos producto de que el Estado nos trató de esconder. En Punta Alta no nos decían ahí están los loquitos de la guerra, decían perdimos por estos pibes.
“Tengo 3 hijos, nunca, nunca hablé con ellos de la guerra, y no voy a hablar, pero siempre le hemos inculcado junto a su madre la verdad, la justicia, la soberanía y la paz para todos los rangos de la vida. Es una decisión. El tema siempre fue algo esquivo. Muy pocas veces me han acompañado a un acto. Es una cicatriz”, deslizó.
Asimismo expuso que con su padre “lo pude hablar cuando volví y después nunca más. Nos preocupaba porque mi mamá tenía un problema cardiológico, y después de la guerra a los tres años falleció. A mi papá le conté lo que pude y me dediqué a estudiar, trabajar y hacer mi vida. Me enorgullece como hijo y como ciudadano de Punta Alta porque la gente lo quería mucho”.
En la actualidad reconoció que no acostumbra a ir a las escuelas, en 44 años fue 4 veces. Una en la Adventista y las otras 3 en Pedro Luro.
Por eso argumentó que “Malvinas pasó a un segundo, tercer plano. Trabajo en el ámbito de la salud, si hubiese necesitado ayuda la habría pedido”.