“Para mí es un héroe”, expresó Clara Tarchitzky a poco de cumplirse 50 años del secuestro y asesinato de su hermano.
Clara tenía 15 años recién cumplidos cuando esa noche del 20 de julio de 1976 un grupo de personas irrumpió en su casa de Dorrego y Alsina buscando a su hermano Manuel Tarchitzky, graduado del Instituto Balseiro y docente de la Universidad Nacional del Sur.
“Entraron unas 10 personas armadas, parapoliciales, no vestidos como soldados, nos repartieron y nos llevaron a otros ambientes. Me apuntaron en la cabeza y no me dejaron moverme mientras ellos revisaban la casa”, comenzó a relatar en comunicación con Radio Altos Clara Tarchitzky, desde Israel donde vive hace 49 años.
Contó que a su papá lo obligaron a decirle dónde estaba su hijo, quien no estaba escondido sino que se encontraba cuidando el depósito propiedad de su tío que estaba de viaje. “Mi papá les tuvo que dar la dirección, nos arrancaron los teléfonos y nos dijeron que nos dejaban a una persona cuidándonos, así que nos quedamos sentados en la casa. Después de un par de horas mi papá salió a denunciar la desaparición de mi hermano y nunca más lo vimos”, agregó.
El 20 de septiembre de 1976 les avisaron que Manuel, quien militaba en la Juventud Peronista, había muerto en un enfrentamiento, que años después su familia supo que esa versión era falsa. “Vimos el informe del médico forense después de muchísimos años y supimos que lo habían asesinado a él y a los demás”, señaló.
Manuel junto a Juan Carlos Castillo, Pablo Fornazari y Zulma Matzkin fue asesinado el 4 de septiembre en Catriel 321, conocida como la Masacre de Catriel. Se había informado, de hecho las crónicas del diario La Nueva Provincia así lo reflejan, que los cuatro habían fallecido en medio de un enfrentamiento. Pero habían sido fusilados. Antes habían estado secuestrados en el centro clandestino de detención y tortura La Escuelita.
“El lugar donde lo mataron a Manolo estaba muy cerca de nuestra casa; nosotros escuchamos tiros en la mitad de la noche, por supuesto que no sabíamos que era él”, precisó.
Clara afirmó que en su familia se sigue hablando de lo ocurrido con Manolo: “Mi hermano para mí y para mis hijas es un héroe y así quiero que lo recuerden y lo conozcan”.
En su caso, lo ocurrido ese invierno de hace 50 años significó el paso de la niñez a la adultez. “No puedo decir que la familia se desarmó, pero pasó a ser otra cosa. Pasamos siempre con la sombra y con la esperanza atrás. Yo no lo volví a ver a mi hermano, no vi el cuerpo de él, no estuve en el entierro; entonces eso me deja la esperanza de que algún día, quizás, golpee nuevamente la puerta. Él es parte de nosotros”.
“Hay mucha gente en la Argentina que todavía habla de él, conocieron la persona que era. Él me llevaba casi 13 años, era como un papá para mí. Y hasta hoy en día hablar de él es como que perdí a mi papá”, expuso.