La fecha fue impulsada por la ONU en 2012 para promover el bienestar como parte central del desarrollo humano.
Cada 20 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Felicidad, una fecha impulsada por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para poner el foco en el bienestar como parte central del desarrollo humano.
Se trata de tener presente la calidad de vida como un eje esencial en las políticas públicas y la economía. La jornada propone mirar más allá de los indicadores tradicionales y considerar aspectos como la salud mental, la igualdad social y las condiciones que permiten una vida plena.
Además, en 2026 coincide con otro fenómeno muy comentado, especialmente en la astrología: el fin de Mercurio retrógrado, que comenzó el pasado 25 de febrero. Este cierre marca un cambio de energía vinculado a la comunicación, las decisiones y la claridad mental. A continuación, conocé todos los detalles.
Por qué se celebra el 20 de marzo el Día de la Felicidad
El Día Internacional de la Felicidad fue establecido en 2012 por la ONU, en la resolución 66/281, con la idea de reconocer que el bienestar es un objetivo medible y alcanzable a través de políticas públicas.
El origen de esta iniciativa está en Bután, un país que desde la década de 1970 impulsó un enfoque distinto para medir el progreso.
En lugar de centrarse únicamente en variables económicas, creó el concepto de Felicidad Nacional Bruta (FNB), un indicador que evalúa la calidad de vida de sus habitantes a partir de factores como la salud, la educación, el entorno y la comunidad.
A partir de esta mirada, el organismo promovió en 2015 una agenda global que incluye 17 aspiraciones concretas, como la reducción de la pobreza, el acceso a un trabajo decente, crecimiento económico, paz, justicia, seguridad, cuidado del medioambiente e igualdad de oportunidades.
Hábitos que fomentan la felicidad
La felicidad no depende únicamente de factores externos. Distintos estudios en psicología coinciden en que existen hábitos cotidianos que pueden mejorar de manera sostenida la calidad de vida.
Uno de los más importantes es el cuidado de la salud mental. Esto incluye dormir bien y mantener una rutina equilibrada. El descanso adecuado influye directamente en el estado de ánimo y en la capacidad de afrontar desafíos.
Este punto viene relacionado con reducir el estrés y ordenar la vida diaria. En términos prácticos, implica establecer prioridades, evitar la sobrecarga de tareas y encontrar momentos de pausa.
Las relaciones sociales también cumplen un rol clave. Mantener vínculos cercanos, compartir tiempo con otras personas y construir redes de apoyo contribuye al bienestar emocional. La sensación de pertenencia y conexión es uno de los factores más influyentes en la percepción de felicidad.
Otro aspecto relevante es la actividad física. El movimiento regular no solo mejora la salud, sino que también tiene un impacto positivo en como nos sentimos, ya que favorece la liberación de endorfinas.
A esto se suma la importancia de tener objetivos y proyectos personales. Sentir que avanzas hacia metas concretas, por pequeñas que sean, genera motivación y satisfacción.
En la misma línea, prácticas como la gratitud o la atención plena ayudan a enfocar la mente en el presente y a valorar los aspectos positivos de la vida cotidiana.
Fuente: Ámbito